Llega
la noche fría con un poco de lluvia repentina… admiro entre la oscuridad como
se deslizan las gotas por entre las hojas dejando una línea húmeda tras su
trayecto hacia el suelo al igual que aquella noche en donde el tiempo seguía
corriendo y aun así mi mente sentía que no existía, que se congelaba…y mis
pensamientos empezaban a jugar conmigo… tú desnuda a mi lado, falazmente dormida… y mis ojos contemplando tal desnudez que reflejaba una
falsa pureza… una falsa inocencia… sintiendo que caía a un abismo mi corazón
invadido de furor preguntaba el porqué aun sabiendo tu oscuro presente manchado
por el pasado te empezaba a querer… sabiendo que solo estaba al lado de una
perra...
Tedioso
de pensar, de maldecir, de tener esperanza... con un poco de desdén me acerco
un poco más a ti… te abrazo y con una actuación pésima (despiertas) e imitas mi
abrazo… aun así siendo como eres, sin saber si solo es causa de mis
sentimientos, veo una pequeña luz una mínima presencia de luz en esa, tu
mirada… que idiota soy.
Tu
palacio de castidad se desmoronó hace mucho, solo quedan ruinas, tus caminos ya
han sido recorridos cientos de veces de ida y de vuelta… pero… ¿y si aun estoy
atado? Y si esa mirada con gesto de ternura subconscientemente me pide a gritos
mi mano, mi corazón, mi apoyo…
Ya
trastornado por mis confusiones
torpemente intento sacar del buró un cigarrillo, lo enciendo y al igual de cómo
se va calcinando, mi corazón se incinera…
Y
con osadía pero en un susurro que divaga en la habitación me atrevo a decirte…
que no quiero dejarte… que me des la mano… que quiero que muera la perra a mi
lado y renazca nuevamente aquella musa de quien me enamoré… rompes en llanto de
alegría de tristeza… no lo sé… me abrazas como nunca antes y por primera vez
siento tus latidos y a pesar de ser idiota esos latidos no mienten… has vuelto
a nacer para mi… solo para mí.
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