Y
después de haber sobrevivido a tan grande tormenta, que a punto de arrasar mi
alma, mi vida, mi todo… vengo a darme cuenta que la lluvia no era la amenaza…
mi alma, mi mente, mi corazón guardaban
en silencio tan gran amenaza aun más grande que el tsunami, su maldad es densa
asfixiante pudridora y aun así me envolvió me abrazó con sus manos llenas de
tentación que buscaba simplemente destruir la poca luz que había empezado a
deslizarse, esa luz de esperanza…
Caminando
embriagado de frialdad, bajo la noche bajo las tristes nubes que atónitas
observaban mis pasos lentos que dejaban ese hedor a lujuria, solo pensaba en
dejarme llevar, dejé fácilmente que el yo maldito pensara por mi… decidiera por
mi… y rápidamente sentí como mis pulmones, mi hígado, mi sistema se desplomaba
dejando solo ruinas no tan grandes aun así como la destrucción masiva de la
coherencia de mis pensamientos… sentía esa culpa... aun la siento que carcome
pudre y mata mi vitalidad… Mis sueños.
Más
aun sigo cayendo a ese barranco que una vez divisé con gran temor y
prometiéndome que nunca tan siquiera me asomaría… cada vez más cerca del fondo
y más lejos de la luz que me hizo sonreír una vez, que podría hacer no tengo
alas para detener mi caída y buscarte a ti mi Dios… y las flores que me
regalaban su vida hoy se marchitan viendo mi perdición… lloran en las noches,
lo sé, porque lo siento, porque es eso lo que aun me ata aun delgado hilo a la
superficie, pero sé que se romperá…
Y me
pregunto… ¿tendré el perdón? ¿Tendré la fuerza para una vez más renacer como el
fénix?
A
segundos de tocar fondo, siento aun mis latidos, y escucho esa voz que me
llama, sí… la escucho, pero temo que solo sea para juzgarme… solo me queda
gritar con las pocas fuerza que tengo… sálvame…. Sálvame una vez más…
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